Volumen 3, Nš1 Agosto de 2006

 

Cuando en 1843 se inauguró la Universidad de Chile, Andrés Bello fijó los lineamientos principales de la labor que, a través de cada una de las facultades, debía desarrollar la nueva institución. En líneas generales, y dada la especificidad de las distintas áreas del conocimiento incluidas originalmente en ella, puede decirse que la corporación debía distinguirse por el atesoramiento del conocimiento ya existente, su ampliación a través de la investigación, la difusión de ambos y la búsqueda de "aplicaciones prácticas", todo esto con el objetivo de lograr la ilustración de los chilenos.

La historiografía, disciplina científica en tanto busca metódicamente explicaciones sobre el pasado, y arte en cuanto a la expresión de ellas, no quedó fuera de los planteamientos del sabio venezolano y chileno:

"Respetando, como respeto, las opiniones ajenas y reservándome sólo el derecho de discutirlas, confieso que tan poco propio me parecería para alimentar el entendimiento, para educarle y acostumbrarle a pensar por sí, el atenernos a las conclusiones morales y políticas de Herder, por ejemplo, sin el estudio de la historia antigua y moderna, como el adoptar los teoremas de Euclides sin el previo trabajo intelectual de la demostración. Yo miro, señores, a Herder como a uno de los escritores que han servido más útilmente a la humanidad: él ha dado toda su dignidad a la historia, desenvolviendo en ella los designios de la Providencia, y los destinos a que es llamada la especie humana sobre la tierra. Pero el mismo Herder no se propuso suplantar el conocimiento de los hechos, sino ilustrarlos, explicarlos; ni se puede apreciar su doctrina sino por medio de previos estudios históricos. Sustituir a ellos deducciones y fórmulas, sería presentar a la juventud un esqueleto en vez de un traslado vivo del hombre social; sería darle una colección de aforismos en vez de poner a su vista el panorama móvil, instructivo, pintoresco, de las instituciones, de las costumbres, de las revoluciones, de los grandes pueblos y de los grandes hombres; sería quitar al moralista y al político las convicciones profundas que sólo pueden nacer del conocimiento de los hechos; sería quitar a la experiencia del género humano el saludable poderío de sus avisos, en la edad, cabalmente que es más susceptible de impresiones durables; sería quitar al poeta una inagotable mina de imágenes y de colores. Y lo que digo de la historia, me parece que debemos aplicarlo a todos los otros ramos del saber. Se impone de este modo al entendimiento la necesidad de largos, es verdad, pero agradables estudios. Porque nada hace más desabrida la enseñanza que las abstracciones, y nada la hace más fácil y amena sino el proceder que, amoblando la memoria, ejercita al mismo tiempo al entendimiento y exalta la imaginación. El raciocinio debe engendrar al teorema, los ejemplos graban profundamente las lecciones".

La utilidad social de la disciplina historiográfica sigue siendo, aunque se le considere meramente como un auxiliar en los procesos educativos de una sociedad, algo indiscutible. Por ello es que las universidades dedican parte de sus esfuerzos materiales y humanos a su cultivo, a la búsqueda de explicaciones sobre el pasado que, de un modo u otro, puedan contribuir al desarrollo del presente.

El cultivo de las ciencias, las artes y las letras, que como el mismo Bello afirmaba contiene en sí mismo una recompensa espiritual para quien se dedique a ellas, también tiene una proyección social. Para lograr esto último, el conocimiento alcanzado debe difundirse hacia la población.

El conocimiento es información que debe contribuir a la formación de personas y sociedades. Para ello puede recurrirse a diversos medios, sean tradicionales, como los libros y revistas, o modernos, como la aplicación de tecnologías digitales. Para muchos esto último puede resultar extraño y quizás hasta generar ciertas suspicacias y temores, pero existe una verdad insoslayable y esta es que los medios digitales presentan una característica que los que utilizan el soporte tradicional, es decir el papel, no poseen: el acceso y recuperación de la información son extraordinariamente más expeditos.

Esta revista nace con la idea de unir lo "antiguo" y lo "moderno", pues consideramos que sólo así es posible asegurar la pervivencia de la labor propia. Por ello, además, es que el primer número está destinado a la reedición de algunos artículos y ensayos ya publicados en Cuadernos de Historia. La pretensión de la Revista de Estudios Históricos no es otra que contribuir a la difusión del conocimiento historiográfico, sin más restricciones intelectuales que la calidad de sus publicaciones y utilizando las tecnologías que el desarrollo ha puesto a nuestro alcance, para con ello cumplir parte de la obligación que el primer Rector de la Universidad de Chile fijó a su primigenio cuerpo académico, y que generación tras generación ha sido asumido como un compromiso ineludible:

"Otros pretenden que el fomento dado a la instrucción científica se debe de preferencia a la enseñanza primaria. Yo ciertamente soy de los que miran la instrucción general, la educación del pueblo, como uno de los objetos más importantes y privilegiados a que pueda dirigir su atención el gobierno; como una necesidad primera y urgente; como la base de todo sólido progreso; como el cimiento indispensable de las instituciones republicanas. Pero, por eso mismo, creo necesario y urgente el fomento de la enseñanza literaria y científica. En ninguna parte ha podido generalizarse la instrucción elemental que reclaman las clases laboriosas, la gran mayoría del género humano, sino donde han florecido de antemano las ciencias y las letras. No digo yo que el cultivo de las letras y de las ciencias traiga en pos de sí, como una consecuencia precisa, la difusión de la enseñanza elemental; aunque es incontestable que las ciencias y las letras tienen una tendencia natural a difundirse, cuando causas artificiales no las contrarían. Lo que digo es que el primero es una condición indispensable de la segunda; que donde no exista aquél, es imposible que la otra, cualesquiera que sean los esfuerzos de la autoridad, se verifique bajo la forma conveniente. La difusión de los conocimientos supone uno o más hogares, de donde salga y se reparta la luz, que, extendiéndose progresivamente sobre los espacios intermedios, penetre al fin las capas extremas. La generalización de la enseñanza requiere gran número de maestros competentemente instruidos; y las aptitudes de éstos sus últimos distribuidores son, ellas mismas, emanaciones más o menos distantes de los grandes depósitos científicos y literarios. Los buenos maestros, los buenos libros, los buenos métodos, la buena dirección de la enseñanza, son necesariamente la obra de una cultura intelectual muy adelantada. La instrucción literaria y científica es la fuente de donde la instrucción elemental se nutre y se vivifica; a la manera que en una sociedad bien organizada la riqueza de la clase más favorecida de la fortuna es el manantial de donde se deriva la subsistencia de las clases trabajadoras el bienestar del pueblo. Pero la ley, al plantear de nuevo la universidad, no ha querido fiarse solamente de esa tendencia natural de la ilustración a difundirse, y a que la imprenta da en nuestros días una fuerza y una movilidad no conocidas antes; ella ha unido íntimamente las dos especies de enseñanza; ella ha dado a una de las secciones del cuerpo universitario el encargo especial de velar sobre la instrucción primaria, de observar su marcha, de facilitar su propagación, de contribuir a sus progresos. El fomento, sobre todo, de la instrucción religiosa y moral del pueblo es un deber que cada miembro de la universidad se impone por el hecho de ser recibido en su seno".





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