Volumen 1, N1 Agosto de 2004

Edad y vida en el grupo conquistador

 

La conquista de Chile como proeza vital y colectiva

Presentaremos en esta parte del trabajo los indicadores estadísticos y los gráficos confeccionados a partir del recuento masivo de conquistadores, hombres y mujeres que pasaron a Chile o nacieron aquí, durante los primeros treinta y cinco años de nuestro período colonial, esto es, entre 1535 y 1570.

 

El procesamiento estadístico nos llevó a unir dos datos de origen diverso: la procedencia regional de la persona y su fecha de nacimiento. Como es este último el que nos ha servido para nuestro tema de la edad y la vida, procuraremos darle realce, dejando el comentario de la procedencia regional para un estudio aparte.

De acuerdo al decenio en que el individuo había nacido se ordenó la información fijando décadas de nacimiento que comenzaban en 1471-1480 y concluía casi un siglo después, en 1561-1570. La procedencia la tenemos pormenorizada por región para los españoles; por país, para los europeos y por ciudad, para los nacidos en Chile, sin embargo para los gráficos respectivos sólo utilizamos el origen global: España, Europa, Chile y América[40].

La participación masculina comprende 2.691 conquistadores identificados. De ellos, sólo el 31,6% u 851 hombres tienen esa información precisa: año, región de nacimiento o aproximada, esto es, que sólo sabemos la década y el país donde nació.

Aquel porcentaje nos permitió hacer las siguientes consideraciones: la primera, de que existía una relación entre la constancia de la edad y el lugar de donde procedían. El más alto corresponde a los que proceden de España, un 4,3% y a los nacidos en Chile, un 70%. En cambio para los de América, sólo sabemos la fecha aproximada de nacimiento de un 26% y para los nacidos en Europa, un 35%. Esto hace que el Gráfico I castigue la presencia americana y exagere el aporte chileno. Esto puede ser explicado por la cercanía física de las ciudades chilenas, lo que favorece su registro, en especial del grupo superior: hijos de encomenderos y capitanes. Por otra parte, las garantías jurídicas y políticas del español ayudan a destacar la procedencia ibérica. La aparentemente escasa participación de americanos se explica por su abrumadora procedencia mestiza, fruto de relaciones ilegales que tenían una deficiente datación documental en la vertiginosa aventura de la Conquista. Por último, un fuerte contingente de los extranjeros correspondían a la marinería, estamento bajo, de poca cultura, desarraigado y con escasa información.

Del análisis general del Gráfico I, podemos advertir una tendencia dinámica de apertura del proceso conquistador, desde españoles a europeos para culminar después de 1541-50 con un predominio de mestizos y criollos americanos. También es fácil percibir que el grueso de los conquistadores, un 65%, había nacido en España entre 1511 y 1540, esto es, contaban con una edad mediana durante los decisivos años de la década 1560 en Chile. Notorio es, igualmente, la disminución de españoles nacidos después de 1530, expresión del agotamiento de la generación peninsular y posiblemente de la opción preferencial por otros destinos de llegada en América.

Al descenso de los españoles se sucede el aumento de los nacidos en América, posiblemente la mayoría del Perú, muchos de estos, debieron haber sido mestizos, hijos de capitanes, regidores y encomenderos, miembros destacados de la naciente sociedad. Como su edad alcanzaba a los treinta años en el límite cronológico de este estudio --1565--, pudieron dejar huella en la documentación.

Del total de conquistadores que sabemos su procedencia y nacimiento, un 18,3% corresponde a los nacidos en Chile, cifra que estimamos muy importante pues nos da una clara idea de la rapidez del mestizaje habido en el país y la importancia del aporte del mestizo en los primeros años de la conquista. Situación similar ocurre, por lo demás, durante los mismos momentos, en la conquista del Paraguay y Río de la Plata[41].

Para los nacidos en Chile se produjo la misma distorsión que para los americanos. La cercanía a la fecha límite de la investigación, impidió que incorporáramos a un mayor número de niños nacidos durante las décadas de 1560 y 1570, los que por su corta edad no alcanzaron a figurar en juicios, memoriales, probanzas o documentos notariales.

Por último, el Gráfico I nos ayuda a entender la Conquista como una vasta empresa en que participaron españoles, europeos, americanos y sin duda africanos[42], iniciándose así desde muy temprano la mezcla racial característica de Hispanoamérica”[43].

En la cuantificación del aporte femenino, las cifras son sólo indicadores aproximados pues la mujer estuvo marginada de la documentación oficial por la función hogareña a que estaba destinada. Se vislumbra sin embargo una participación femenina mucho más intensa que lo afirmado hasta ahora en las obras de historia general[44]. Para la mujer, especialmente la de origen blanco y mestizo, la Conquista ofreció oportunidades no habituales de ascenso social e incluso de realización individual. Si bien, el porcentaje de mujeres que sabemos su procedencia y fecha de nacimiento, es un poco inferior al de los hombres: un 29%, su número absoluto es mucho menor, sólo 237 de un total de 814 mujeres registradas. Además su composición interna es muy distinta, en el caso de los hombres el 18,3% había nacido en Chile, en cambio entre las mujeres, esa procedencia se eleva al 74%. Esto indica que poseemos una información de edad muy deficiente sobre las mujeres que procedían de los otros lugares de origen, en especial de América (sólo un 5%) y de España (19%).

La situación reseñada en el párrafo anterior, nos la explicamos por la valoración social que se da a las mestizas y criollas que nacieron en las primeras décadas de la conquista de Chile; hijas o descendientes de los conquistadores beneméritos que obtuvieron las mejores encomiendas, hicieron ventajosos matrimonios[45]. Tal situación no era normalmente la de americanas ni españolas, en cuanto a las europeas, su exiguo número, 17, nos impide hacer consideraciones especiales acerca de su participación.

La presencia femenina en la conquista es, por tanto, un hecho incontrastable[46], la mujer española, de las cuales identificamos a 165 antes de 1570 llegó a Chile desde la década de 1540 y a una edad que variaba de la adolescencia a la madurez, esto es, más joven que el hombre español, lo que está en correspondencia con los datos que disponemos para otras regiones americanas[47].

Como en el caso de los hombres, también es posible observar el descenso migratorio de españolas y europeas y el aumento de las que nacían en América y Chile, especialmente después del decenio 1551-60.

En realidad, el problema mayor, la escasez de información sobre la edad femenina, sólo viene a confirmar, el papel hogareño de la mujer. No es en los cabildos o en las informaciones de servicios donde encontramos su huella. Es en el interior del hogar, en la vida doméstica que no excluye la económica, más bien la conforma, pues allí está el manejo de la encomienda, de la hacienda, de la casa urbana, donde actúa la mujer europea, criolla, mestiza y aun la indígena de estirpe... pero en esas actividades no se exigen declaraciones de edad.

No cabe duda, por otra parte, que las más numerosas debieron ser las mujeres jóvenes y adultas, “las hembras”, “mancebas” o “doncellas” de la referencia documental. Para ello tenemos el dato de las mujeres que registramos con información de matrimonio y/o descendencia: casi el 70% eran madres que estaban criando, lo que indica una edad compatible con la procreación y la familia, tareas que, como ya dijimos, ocupaban preponderantemente la vida de la mujer del siglo XVI.

La estructura vital de la hueste se hizo al reunir la información sobre la edad con que los conquistadores pasaron a Chile. Los casos registrados llegaron a 518, un 19% de los 2.691 hombres identificados. Dejamos fuera a los nacidos en Chile, eso explica la débil presencia de niños.

 

Recordemos que el Gráfico II, al igual que los demás, expresa la evolución del tema en una constante temporal, pues es la edad del elemento conquistador a su llegada a Chile lo que nos interesa y no el promedio de edad de determinada hueste. Las cifras son indicación relativa y   no absoluta, esto es, que la edad de máxima frecuencia: 26 años, con treinta y dos individuos, implica que ellos llegaron no de una vez, sino en el curso de los años que median entre Diego de Almagro y la instalación de la Real Audiencia en Concepción, en otras palabras, desde los que pasaron con las expediciones originarias hasta los que vinieron a un territorio ya ocupado, con actividad minera, comercio, ciudades y guerra.

Aunque el Gráfico II cubre sólo treinta años, entre 1535 y 1565, lo estimamos válido y representativo, pues el período en sí mismo tiene una gran cohesión y estudios similares confirman sus resultados[48].

El grueso de los conquistadores arribaban a Chile entre los 21 y los 30 años, nada menos que un 51% del total, esto es una alteración en los promedios normales de vida en el siglo XVI. Pero se explica por las características de colonización y guerra de la conquista de Chile: en esas condiciones eran estos hombres, los más requeridos y dispuestos a los riesgos y aventuras, ya probados en el suelo americano, que acaso no habían tenido suerte antes, o en todo caso, no la suerte a que se sentían acreedores. “El conquistador español es un hombre de España formado en América”, es el juicio construido por Carlos Pereyra en base a los múltiples ejemplos de conquistadores que llegan a la fama, luego de una larga permanencia en América[49].

La década de los 31 a los 40 años de edad, tiene una proporción del 25%, lo que sin duda es relevante: la cuarta parte de los conquistadores eran hombres maduros, que superaban los promedios de vida de centros urbanos europeos[50]. A propósito de esta alta presencia de hombres mayores, “jóvenes” en la época, se pueden hacer varias consideraciones: desde que era la edad más posible para dejar huella en las fuentes documentales utilizadas, hasta estimarla como la edad preferida para obtener dignidades, cargos de responsabilidad y hacerse de una situación económica. Esos individuos, aunque hubieran tenido una larga permanencia en América, aspiraban a cumplir hábitos y normas de conducta hispánicas, tales como obtener un rango señorial, tomar matrimonio con mujer de origen blanco, lealtad al Rey y fidelidad a la Iglesia.

La otra magnitud de cierta consideración corresponde a los llegados con edades que fluctuaban entre 16 y 20 años, alcanzaban a un 16%, aunque esto confirma la preferencia por hombres entrenados y ya maduros, es una buena expresión de la temprana iniciación en la vida y la aventura de los hombres del siglo XVI[51].

Hasta aquí tenemos analizado el 92% de los llegados a Chile, las excepciones como el del único niño menor de cinco años o el anciano casi centenario, vienen a ratificar que más que familias, en ese período fueron individuos tras el oro y la gloria los que pasaron, que se estima el espacio geográfico chileno como una región, más para conquistarla con el brío de la adolescencia y juventud que como refugio de niños y ancianos.

Durante el tiempo transcurrido entre el comienzo y fin del registro sobre los que pasaban a Chile, se organizaron en América y España numerosas empresas de conquista y colonización, una de ellas, iniciada en Sevilla en 1569 y encabezada por un mediocre conocedor de las costas de Venezuela, Diego Hernández de Cerpa, debió ser disuelta por graves conatos de rebelión. Esto motivó un largo y detallado proceso que le permitió al historiador López Ruiz estudiar su composición interna y a nosotros, compararla con los resultados de nuestros estudios.

Al realizar esa actividad constatamos más similitudes que diferencias para dos expediciones organizadas en ámbitos tan distintos y lejanos como el Viejo y Nuevo Mundo del siglo XVI. Lo que viene a confirmar nuestra idea de la correspondencia demográfica entre lo que estaba ocurriendo en América con la sociedad europea contemporánea.

De la superposición de ambos resultados, Gráfico III, observamos que en ambos casos la base generacional corresponde a hombres de 19 a 28 años: un 49,6% para los que acompañaban a Hernández de Serpa y un 48% para los de Chile. El porcentaje de adolescentes es casi idéntico: 8,9% y el 9% respectivamente, para los que tenían entre 14 y 18 años.

Las diferencias más notables corresponden a la participación de niños menores de 13 años: un 10% entre los de Hernández de Serpa y sólo un 2,5% entre los de Chile. Los hombres entre 29 y 38 años eran un quinto de los que salían de España en 1569, con precisión, un 20,4%. En cambio a Chile pasaban con esa edad un 33%, uno de cada tres individuos[52]. Demostración clara de la valoración del hombre maduro y con ello, de la experiencia habida en suelo indiano o americano.

En cuanto a la duración de la vida de los hombres que participaron en la Conquista de Chile sólo pudimos obtener, en forma relativamente segura, la fecha de nacimiento y muerte, esto es la edad absoluta o duración de vida, de 334 de ellos, más diecisiete casos en que conocemos la fecha de nacimiento o matrimonio de un hombre, pero no la de muerte, y cinco casos en que sabemos cuando se casó o en que año murió, pero no su nacimiento.

El muestreo indicado es un poco inferior al 15%, y es muy evidente la distorsión que se produce, pues nos encontramos con que la inmensa mayoría de los conquistadores habría vivido más de 26 años: nada menos que un 94%, lo cual es claramente erróneo, pues en el siglo XVI no sólo las expectativas de vida al nacer eran menores, sino que en porcentajes promedios, la población europea mayor de 30 años no alcanzaba al 50% de la sociedad[53].

Sin duda, estos 334 casos corresponden al grupo dirigente de la Conquista, a los hombres que dejaron huella en memoriales, probanzas de méritos, juicios, testamentos, títulos de encomiendas o mercedes de tierras, crónicas. Grupo que era más longevo. Además, aparecen registrados algunos que no vivieron hasta el término de sus días en este Flandes Indiano, como don García Hurtado de Mendoza, quien vive sólo cuatro de sus largos setenta y cuatro años en Chile; o que sólo pasaron aquí el final de la vida, como Juan Pinel. Pero aún teniendo en cuenta estas limitaciones, el estudio viene a señalar que más que la participación de la gente moza, fue decisiva en la Conquista y el proceso de colonización que le es inmediato, la presencia de un gran número de varones maduros, e incluso de ancianos. Hombres que junto con fundar familias, ciudades y futuros países, eran los que tenían más vívida la sociedad y la cultura de donde procedían, modelo al cual dedican sus esfuerzos, extraordinariamente claros y coincidentes por lo demás, en el trabajo diario de afirmar su dominio y el de su cultura española, sobre los indígenas y la naturaleza del Mundo Nuevo.

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