Volumen 1, N1 Agosto de 2004

Edad y vida en el grupo conquistador

 

Notas

[1]

Cuadernos de Historia Nº 1, Departamento de Ciencias Históricas, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile. Diciembre de 1981, páginas 65-86.

[2]

Dentro de la investigación Los Conquistadores de Chile, 1535-1570, en cuya etapa de recopilación de datos hemos trabajado con el profesor Sergio Villalobos y la profesora Sonia Pinto, así como la hoy Licenciada en Historia, Mariana Silva, reunimos un apreciable volumen de información referida a años de nacimiento, edad de llegada a Chile, muerte, en suma, a la vida individual y colectiva de hombres y mujeres en Chile durante esos años. Además hemos leído —gracias a la inapreciable conducción de Rolando Mellafe— estudios recientes para Chile, Perú y Europa.
volver

[3]

Ni Barros Arana ni Encina se refieren específicamente a la edad de los conquistadores, aunque parece que los suponen jóvenes y resaltan la juventud irreflexiva de García Hurtado de Mendoza. Miguel Luis Amunátegui no se plantea la edad o juventud y recalca los servicios ya prestados por Don García antes de ser Gobernador: en el ejército real desde los dieciséis años. Tampoco hace consideraciones especiales don Crescente Errázuriz. ¿Podrá indicar esto que la estructura demográfica del siglo XIX era más parecida a la del siglo XVI que a la nuestra? Las obras utilizadas: Barros Arana, Diego, Historia General de Chile, 16 vols. Santiago, 1883-1902. Encina, Francisco A., Historia de Chile, desde la prehistoria a 1981, 20 vols. Santiago, 1940. Amunátegui, Miguel L., Descubrimiento y Conquista de Chile, Santiago, 1862. Errázuriz, Crescente, Historia de Chile, Don García de Mendoza, Santiago, 1914.
volver

[4]

Especialmente enfático es José Durand,  La  Transformación Social del Conquistador, 2 vols., México, 1953, donde escribe: “La Conquista, hazaña de jóvenes; la Conquista, época juvenil... Los hombres que ganaron las Indias vivían la edad de las grandes locuras... La abundancia de gente moza...” pág. 31 y siguientes del tomo primero. Insiste en lo mismo y más recientemente Jacques Lafaye, Los Conquistadores, México, 1970.
volver

[5]

Antonello Gerbi, La naturaleza de las Indias Nuevas, México, 1978. Este historiador italiano, biógrafo de Gonzalo Fernández de Oviedo, el cronista, lo describe en su vejez: “completamente cano el cabello y barba, sin dientes ya en la boca y casi enteramente sordo”, pág. 168.
volver

[6]

Larraín, Carlos J., Don Diego García de Cáceres, Boletín de la Academia Chilena de la Historia, N° 65, 1961, ver pág. 93.
volver

[7]

Thayer  Ojeda, Tomás, Formación de la Sociedad Chilena, 3 vols. Santiago. 1939-1943. tomo II, pág. 206. Otro caso: Hernando de Aguirre declaró tener más de 50 años en 1590, en realidad tenía 62 años, en Colección de Documentos Inéditos para la Historia de Chile, 1ra serie, t. VI, pág. 142.
volver

[8]

En juicio contra Hernando Pizarro por la muerte de Diego de Almagro, en España, éste es presentado como testigo por sus hermanos. Colección de Documentos Inéditos para la Historia de Chile, en lo sucesivo CDICH, 1ra serie, t. VI, pág. 142.
volver

[9]

Archivo de Escribanos de Santiago, Vol. 59.
volver

[10]

Eugenio Pereira, Los Relojes y la noción del tiempo en la Época Colonial. Boletín de la Academia Chilena de la Historia, N° 68, Santiago, 1963.
volver

[11]

Jerónimo de Chávez, Chronografía o Repertorio de los tiempos, Sevilla, 1572, pág. 59 y sgtes.
volver

[12]

Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la Lengua Castellana, Madrid, 1611 y reedición en Barcelona, 1943.
volver

[13]

Gabriel Gyamati, El tiempo en la Sociología, en El tiempo en las Ciencias, Santiago, 1981. Señala tres dimensiones o impresiones sobre el tiempo: la personal o subjetiva, la biológica y la objetiva o social y se refiere al horizonte temporal como la profundidad o enlace que cada persona y grupo realiza entre su presente y las proyecciones hacia el pasado o futuro que realiza (págs. 178 y sgtes.).
volver

[14]

Leonard, Irving: Los libros del conquistador, México, 1953. En especial el capítulo II sobre los libros de caballerías, sobre todo el Amadís de Gaula.
volver

[15]

San Agustín, Confesiones, XI, 27.
volver

[16]

Gurevitch, A.Y., El tiempo como problema de historia cultural, pág. 272, en Las Culturas y el Tiempo, UNESCO, 1975.
volver

[17]

Testamento de Marcos Veas Durán, en realidad, era fórmula común en éste tipo de documentos, CDICH, 1era serie, t. IX, págs. 455-458.
volver

[18]

Carta de Juan Pinel a su esposa, fechada en Santiago en 1548, CDICH, lra serie, pág. 187.
volver

[19]

Cédula de encomienda del gobernador de Chile, don Juan Henríquez, en favor de Diego de Altamirano, a quien identifica así: “ha más tiempo de doce años que sirve a Su Majestad... y que sus antepasados... derramaron su sangre en servicio de Su Majestad y particularmente cuando infestó aquella provincia el enemigo inglés...”. Este documento está fechado en Concepción, noviembre 4 de 1671 y el hecho a que se refiere no puede ser la expedición del inglés de Narorough que ocurría contemporáneamente sino que la de los holandeses Baltasar de Cordes en 1601 o la de Enrique Brouwer de 1643. Capitanía General, Vol. 473. Situación parecida en COICH, 1ra serie, t. X, págs. 474 y sgtes.
volver

[20]

Covarrubias, Tesoro, 1611.
volver

[21]

En las Siete Partidas, Título XV, Ley V de la Segunda Partida, se establece la edad mínima para jurar como rey a los catorce años. Entre los que asumen a esa edad: Alfonso XI, Enrique III y Juan II. En el siglo XVII Carlos II. (Datos profesora Regina Claro). En Francia existe un edicto de Carlos V (1337-1380) que establece la misma edad legal para asumir el trono (dato del profesor Zvonimir Martinic).
volver

[22]

En una concesión de encomienda de fines de siglo XVII, se identifica a “Luis, muchacho de cinco años...”. Capitanía General, Vol. 473, fs. 171.
volver

[23]

Covarrubias, Tesoro, 1943, pág. 784 y en Boyd-Bowman, Peter, Léxico Hispano-americano del siglo XVI, Tamesis Books Limited, London, 1971 se recoge un testimonio de 1581 en el Río de la Plata: “a los mozos que tienen ya edad de ponerse espada llaman manzebos de garrote”. pág. 554.
volver

[24]

Inca Gracilazo de la Vega, Florida, libro I, capt. VI y Pedro de Oña, Arauco Domado, primera edición en 1605 Madrid y la que yo revisé, Valparaíso, 1849. Donde dice describiendo al corsario inglés Richard Hawkins: “Mozo, gallardo, próspero, valiente/ de proceder hidalgo en cuanto hacía. Canto XVIII, pág. 472.
volver

[25]

Alonso de Góngora y Marmolejo, Historia de Chile desde su descubrimiento hasta el año de 1575... En Colección de Historiadores de Chile (en lo sucesivo CHCH) Vol. 2, Santiago, 1865. Y Boyd-Bodwman, Léxico, 1971, transcribe documento de Santa Marta de 1548 donde se lee: “mozos de quince años hasta de veinte”, pág. 605.
volver

[26]

Covarrubias, Tesoro, 1943, pág. 694 y los estudios para Europa señalan un 50% o más de mortalidad infantil (niños entre 1 y 7 años).
volver

[27]

A este propósito Jerónimo de Chávez, 1572, decía: “en esta edad los hombres desean ser conocidos, codiciando tener mando y eligiendo lo que es bueno”, pág. 59.
volver

28.

Lorenzo Bernal del Mercado declaraba cuarenta años de edad en declaraciones de 1569, 1571 y 1575. J. T. Medina, Los compañeros de Alonso de Ercilla, pág. 53 y sgtes. Ilustraciones II, La Araucana, edición del Centenario.
volver

[29]

Kamen, Henry, El siglo de Hierro. Cambios sociales en Europa. 1550-1660, Alianza Editorial Madrid, 1977: señala como esperanza de vida al nacer la edad de veintitrés años, según un estudio hecho sobre 3.700 niños de todas las clases sociales, en París a fines del siglo XVII.
volver

[30]

Corresponde a Cristóbal, de quien dice un testigo: “que después que está en la ciudad / Imperial / no ha visto ni entendido que haya andado en la guerra, ni tenido armas ni caballo en su casa, por ser hombre muy viejo y de tanta edad, que agora le juzga este testigo por edad de ochenta años...”. En José T. Medina, Los compañeros de Ercilla, La Araucana de Ercilla, edición del centenario de 1910, Vol., ilustraciones II, pág. 19.
volver

[31]

Thayer Ojeda, Tomás, Formación, t. II, pág. 87.
volver

[32]

Covarrubias, Tesoro, 1943, pág. 1006; Boyd-Bowman, Léxico, 1971. pág. 978. Martín Alonso, Enciclopedia del Idioma. En todos ellos aparece el contenido del vocablo “viejo”, aparte de los casos señalados aquí.
volver

[33]

Boyd-Bowman, Léxico, 1971: documento fechado en 1532 en México: “era un hombre gordo y ya un hombre de días”, pág. 473.
volver

[34]

Stone, Lawrence, “The Rise of the Nuclear Family in Early Modern England: The Patriarchal Stage” en Charles E. Rosenberg (Ed.) The Family in History, University of Pennsylvannia Press, 1975.
volver

[35]

Flendrin, Jean Louis, Orígenes de la familia moderna, 1976.
volver

[36]

Antonio de León Pinelo, Velos en los rostros de las mujeres... editada en 1641, yo revisé la edición de Santiago, 1966.
volver

[37]

Covarrubias, Tesoro, 1611. Una graciosa aplicación del vocablo se encuentra en el Amadís de Gaula, la más famosa novela de caballería del siglo XVI. Su protectora la reina Grasinda le pide la proclame y defienda como la más hermosa doncella, el caballero vacila por fidelidad a su dama Oriana, hasta que recuerda que por haberse iniciado en amores aquella ha dejado de ser doncella.
volver

[38]

Covarrubias, Tesoro, 1611.
volver

[39]

En Antonio de León Pinelo, Relator del Consejo de Indias y que escribe a mediados del siglo XVII puede leerse: “porque gobernándose el hombre queda y se entiende gobernada la mujer, en quien influye como en parte suya inferior; y así le ordenó Dios (Génesis c. 3 y. 16) que la señorease y tuviese en su poder y obediencia”, pág. 182 y luego: “que la mujer es casa, y que así ha de ser fija, para no andar, ni moverse fácilmente: y que si saliere, ha de ser como una casa portátil, cercada, cerrada y cubierta”, pág. 240.
volver

[40]

Tenemos el dato pormenorizado para 14 regiones de España, las de mayor representación: Andalucía 15,33%; Castilla la nueva 9,11%; Castilla la vieja, 8,3% y Extremadura 6,9%. En el caso de Chile incluimos a cada una de las ciudades fundadas hasta 1561, más las regiones de Cuyo y Tucumán, sujetas por entonces a la gobernación de Chile.
volver

[41]

En Alberto Mario Salas, “El paraíso de Mahoma. Crónica del Mestizaje en el Río de la Plata”. Revista de la Universidad de Buenos Aires, V Época, Año II, N° 4. s/f, se señalan sobre 4.000 mestizos hacia 1570, hombres que después participaron en la colonización del Río de la Plata.
volver

[42]

Rolando Mellafe, La esclavitud en Hispanoamérica, Eudeba, Buenos Aires, 1964. Anota la llegada de negros desde los primeros años de la Conquista y aun Descubrimiento. Págs. 17 y sgtes.
volver

[43]

Magnus Mörner, La mezcla de razas en la historia de América Latina, Buenos Aires, 1969 y Ángel Rosenblat: La población indígena y el mestizaje en América, 2 vols. Buenos Aires, 1954.
volver

[44]

Según escribe Encina en su Historia de Chile, 1940, las mujeres españolas en Chile no pasaban de cincuenta a fines del siglo XVI, t. I, pág. 421 y t. 2, pág. 193.
volver

[45]

Mujeres mestizas hijas de conquistadores y casadas ventajosamente fueron, entre muchas otras: Inés de Quiroga, hija de Rodrigo de Quiroga, casó sucesivamente con Don Pedro de Avendaño y Velasco, nieto del Duque de Frías, y con el Mariscal Martín Ruiz de Gamboa, Gobernador de Chile; Catalina de Cáceres, hija de Diego García de Cáceres, casó con Francisco Rubio de Alfaro, aunque hombre de escasa instrucción, proceden de este matrimonio las familias Carrera, Valdés, Ureta, Errázuriz, Zañartu, etc.; Ana de Tarabajano, hija de Antonio Tarabajano, casó sucesivamente con Babilés de Arellano, escribano, Femando Idobro o Huidobro y Francisco Ponce de León, caballero notorio (de Mariana Silva, La mujer en la Conquista, Santiago, 1977).
volver

[46]

Entre 1509-1538 salieron para Indias 1.041 mujeres, de ellas 354 eran casadas. En J. Rodríguez de Arzúa: “Las regiones españolas y la población de América. Revista de Indias, N° 30, 1947. En Silvio Zavala: Orígenes de la Colonización en el Río de la Plata, México, 1978. Anota en p. 431 que en la expedición Sanabria, en 1550 “llevaron 300 personas, entre ellas más de 50 mujeres”.
volver

[47]

G. Eurlong. La cultura femenina en la época colonial, Buenos Aires, 1951 utilizando los registros navieros describe varias mujeres españolas que pasaron con la expedición de Ortiz de Zárate, las cuales al parecer serían de edades cercanas a los veinte: “María Correa era de buen cuerpo, aunque de boca grande... mediana, gorda y blanca era Inés de Pineda... alta, gallarda, blanca y rubia, con un lunar en la barba, era Leonor de Santana... y morena, pero de buen cuerpo, era María de Salcedo”. págs. 98 y 99. En la expedición de Hernández de Serpa, y su hueste de 1569 con destino a la Nueva Andalucía de Jesús M. López Ruiz, Caracas, 1974, se constata que las mujeres menores de 18 años eran casi la mitad del total: un 43,2%. En cambio los hombres de esa misma edad sólo eran el 18,8% del contingente masculino.
volver

[48]

Nos remitimos a la obra de López Ruiz, op. cit., y a las de James Lockhart: The Men of Cajamarca, Austin, 1972 y Spanish Peru 1532-1560 a colonial society, Madison, 1968.
volver

[49]

Citado por Ángel Rosenblat: Los Conquistadores y su lengua, Caracas, 1977, pág. 20. Lockhart señala que entre los compañeros de Pizarro en Cajamarca, la mayoría tenía una experiencia americana superior a 5 años, pág. 22 y sgtes.
volver

[50]

Kamen, Henry, 1977. Señala como edad media de la población de Ginebra los 23 años en el periodo 1561-1600.
volver

[51]

Don Gonzalo Fernández de Oviedo a los 13 años entró a servir al príncipe don Juan y Cristóbal Colón en su Carta de Jamaica, se refiere a la angustia del posible naufragio “por el dolor del hijo que yo tenía allí... y más por verle de tan nueva edad, de 13 años”. En Clásicos Jackson, Vol. XXVII. En Barros Arana, op. cit., t. 3, se refiere a un incidente ocurrido a un paje de ocho años de don García Hurtado de Mendoza.
volver

[52]

Lockhart, 1972, págs. 26-27: de los 107 compañeros de Pizarro, de edad conocida, no menos de sesenta estaban entre los veinticinco y los treinta y cinco años.
volver

[53]

Kamen, 1977.
volver

[54]

Lockhart, 1968 y 1972.
volver

[55]

Vargas Machuca.
volver

[56]

Gonzalo Fernández de Oviedo.
volver

[57]

Thayer, op. cit., t. I, pág. 161.
volver

[58]

Thayer, op. cit., t. II, pág. 41.
volver

[59]

Thayer, op. cit., t. II, pág. y sgtes.-

volver

[60]

Thayer, op. cit., t. I, pág. 154 y sgtes.
volver

[61]

Thayer, op. cit., t. II, pág. 175.
volver

[62]

Góngora y Marmolejo, op. cit., refiriéndose al gobierno de Melchor Bravo de Saravia.
volver

[63]

CD1CH, 2ª serie, Vol. III, pág. 132. Carta de Fernando Retamoso.
volver

[64]

Barros Arana, op. cit., t. II, pág. 105.
volver

[65]

Pedro Mariño de Lobera, “Crónica del Reino de Chile”, Colección de Historiadores de Chile, Vol. VI, Santiago, 1865, pág. 153.
volver

[66]

Alonso de Ercilla, La Araucana, Santiago, 1910. Parte 1ª, canto III.
volver

[67]

James Lockhart, 1968, señala que después de la escuela de primeras letras el aprendiz de escribano comenzaba a aprender el oficio en una escribanía pública, hasta completar su entrenamiento o formación alrededor de los veinte años, pág. 68.
volver

[68]

Thayer, op. cit., t. III, pág. 395.
volver

[69]

Barros Arana, op. cit., v. 3, pág. 215.
volver

[70]

Barros Arana, op. cit., Vol. 3: se refiere al uso de anteojos, “antojos” por el Gobernador Bravo de Saravia.
volver

[71]

López de Gómara, Francisco, Historia General de las Indias t. II, cap. CLV, págs. 100-101.
volver

[72]

Gracilazo de la Vega Inca, Historia General del Perú, t. VI, c. XLII.
volver

[73]

CDICH, 1ª serie, v. XX, pág. 107.
volver

[74]

Thayer, op. cit., pág. 96 del t. III.
volver

[75]

Thayer, op. cit., t. III, pág. 118.
volver

[76]

Thayer, op. cit., t. II, pág. 226.
volver

[77]

Pedro de Valdivia al otorgarle una encomienda en 1549 califica de anciano a Juan Fernández de Alderete, aun cuando su edad bordeaba por entonces los 45 años.
volver

[78]

Barros Arana, op. cit., t. III, pág. 20.
volver

[79]

CDICH, t. XV, pág. 30.

volver

[80]

Declaración del padre Valdivia en Sala Medina, MS. t. 119.
volver

[81]

CDICH t. XXI, p. 331: testigo Cristóbal Varela de ochenta hombres solo diez podían pelear. CDICH, 2ª serie, Vol. 3, pág. 8. En una instrucción del Cabildo de Villarrica en 1579: “siempre hemos padecido graves trabajos y pobreza y continuas guerras, por lo cual estamos muy viejos”.
volver

[82]

Percepción del tiempo que suele aflorar en las conversaciones de campesinos actuales. Así una entrevista realizada en el diario La Tercera, en un día de septiembre de 1981, a un modesto anciano que había ganado el concurso de la Polla Gol y vivía en Linares, responde a la pregunta sobre su edad: “que no recuerda bien si tiene 74, 75 o 76 años...”.
volver

Un estudio de la existencia humana en el siglo XVI (1) | La conquista de Chile como proeza vital y colectiva | La conquista como proeza individual | Notas | Versión de impresión

 




Sitio desarrollado por SISIB, Sistema de Servicios de Información y Bibliotecas :: Universidad de Chile 2004